El Divertido Horóscopo Secular de Koestler

“Marx sostenía que el hombre es un producto de las circunstancias sociales. La astrología que el hombre depende de las circunstancias cósmicas. Yo creo que ambas proposiciones son válidas; de aquí surge la idea del horóscopo secular.”

A Koestler (1905-1983) se le ocurrió un día realizar su autobiografía y comenzarla hablando de su propio Horóscopo, un Horóscopo basado en los acontecimientos mundiales que sucedieron el día de su nacimiento.

“[…] El procedimiento para trazar el horóscopo secular es muy simple. Lo único que tuve que hacer fue ir a las oficinas […] y pedir que me mostraran el ejemplar del día siguiente a mi nacimiento, hecho que ocurrió el 5 de septiembre de 1905.”

(Él consulta el periódico del día siguiente, que informa lo que pasó el día anterior ¡que listo! yo hubiera pedido el periódico de mi día, no del día siguente :D)

Así, consultando los periódicos, Koestler comienza a conocerse y a conocer lo que le depararía el destino, analizando desde los anuncios clasificados, hasta las noticas sociopolíticas más importantes:

“[…] Empecé por el campo de fuerzas existente en el momento de mi nacimiento; es decir, por los avisos. […] una máquina literaria […] un dispositivo «para sostener un libro en cualquier posición sobre un sillón, una cama o un sofá» […] Hasta aquí, mi horóscopo no me había dicho gran cosa.”

San Newton

San Newton

Pero, “[…] si en el horóscopo secular los acontecimientos políticos corresponden a las constelaciones planetarias, los astros fijos estarían representados por aquellos hombres que, de una manera más lenta y más duradera, dan forma a los caracteres de su época. De ese modo, para completar el cuadro, debería mencionar que en el mismo año y mes de mi nacimiento, el examinador de patentes de la Oficina de Patentes de Berna, Suiza, publicó un ensayo, Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento, firmado por Albert Einstein; que también en el mismo año, Sigmund Freud publicó sus Tres conferencias sobre la teoría de la sexualidad; Wells, Kipps y Una utopía moderna; Thomas Mann, Koenigliche Hoheit, y Tolstói, Algunas palabras sobre el cuento de Chéjov «Querido»; que La Grande Revue de París motejaba de «inefablemente ridículas» las obras del aduanero Rousseau, de Cézanne, de Matisse, y de las demás «Bestias Feroces» que exponían en el Salón de Otoño, y Picasso vendía sus dibujos al marchant Soulier por veinte francos cada uno.”

“El reloj que había marcado la hora de mi nacimiento también anunciaba el fin de la era del liberalismo y del individualismo, de esa civilización de dura competencia y sin embargo de facilidades, que había logrado conciliar, gracias a un insólito contrato, amable y cruel, el eslogan de la «supervivencia de los más aptos» con el de «laissez faire, laissez aller».”
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Koestler, 1905- 1983, novelista, ensayista, historiador, periodista, activista político y filósofo social.

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